Extrañamos tanto a Pedro II: “Sí, hermanita, sí”.

por Griselda García ( poeta y editora)

Pedro Centeno era una persona muy afectuosa, sonreía, daba abrazos, hacía bromas. Por lo general se lo veía siempre como a un costado de la escena. Siempre pensé que ese margen es el lugar de mayor libertad. Me gustaba acercarme a los distintos puestos de libros que él atendía. Ahí charlábamos y, de vernos un fin de semana al año durante el Aguante Poesía, nos fuimos haciendo amigos. Cuando llegaba alguien, me presentaba como su hermana menor. “Si no me creés, mirá”, me hacía extender el antebrazo junto al suyo: “Es que yo salí un poco quemadito”, decía, y todos nos reíamos.
Pedro tenía el gesto del boxeador que esconde la cabeza para atemperar el golpe, el recelo del animal que ha sido apaleado y ya no acude al llamado.
Una vez nos encontramos en el patio interno del City Hotel. Sentados a unos sillones de hierro blancos, conversamos sobre sus poemas. Él asentía a mis comentarios: “Sí, hermanita, sí”.
Quiso llevarme a La cruz del sur, decía que me iba a gustar, que había material para escribir. Amigos del lugar lo desaconsejaron. “Es ruta. Si vas, no tenés cómo volver”.
Celebro la poesía de Pedro, palabras sencillas para temas cotidianos, conjura el vacío con palabras, invoca la presencia de un otro que pueda, por un rato, aliviar el dolor. Si algo aprendimos muy bien es que solo es nuestro lo perdido. Y en esa pérdida es infinita la riqueza encontrada. Gracias, querido Pedro, por la dicha de tu amistad. Brindo por vos bajo La cruz del sur.

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