Extrañamos tanto a Pedro VI: El breve adiós del poeta-obrero

Candores (José Di Marco)

Hermano del vino, del fracaso y su llovizna

en el viaje inmóvil

hacia el misterio de uno mismo

cuando a la cita del alba nadie acude

y el amor es una hamaca

empujada por el vientoe

en una plaza vacía

en una tarde

¿qué decirle a tu música

a los silencios que hay en ella,

mundos donde no somos ni estaremos

y soñamos a pesar de la memoria?

Teníamos que ser lúcidos y crueles.

Teníamos que poner entre comillas

el habla del corazón (sus pesares,

alegrías, asombros).

Teníamos que imitar la lengua del amo,

comer de esa carroña .

Recuerdo tus versos, sigilosos

como lo que se pierde entre dos sueños.

Eso que nos acoge al despertar:

el candor de una vida verdadera.

———————–

“El breve adiós del poeta-obrero” * (Fragmento)

“Se ha tratado de determinar la figura de Pedro con el rótulo de poeta-obrero. Esa etiqueta, como cualquier otra que pretende aprehender en términos conceptuales una particularidad irreductible, resulta esquemática o al menos imprecisa. En este caso, cuando Pedro, el poeta-obrero, no trabajaba, cuando transitoriamente abandonaba sus ocupaciones de asalariado informal y mal pago, ésas que le consumían (casi) toda su jornada, elegía la escritura poética como una modalidad del ocio singularmente productiva. En los escasos ratos libres, durante el descanso nocturno (un contexto de enunciación que varios de los poemas de sus cuatro libros registran en sus versos), el poeta-obrero operaba sobre las palabras no para propalar una doctrina libertaria ni para reproducir los mecanismos ideológicos que lo oprimían incluyéndolo en el seno de la clase dominada sino, más bien, para entregarse a la ampliación de una subjetividad altamente sensible. Esa subjetividad -que nace de explorar los tonos, los ritmos y las imágenes latentes en la lengua- conforma una percepción y una mirada que se repliegan hacia lo introspectivo a la vez que indagan la cercana presencia del mundo cotidiano. Se trata de un lirismo austero y sigiloso que proyecta un mundo pequeño, íntimo y cálido. Pero en ese microcosmos, recoleto e intimista, reverberan también las injusticias externas, las que se producen a diario en la realidad social, a causa de un sistema económico y una época crueles e impiadosos. De esas vergüenzas y opresiones que impiden la conformación de una comunidad igualitaria, se hace cargo la voz reticente y reservada del poeta-obrero; las registra y las denuncia, sin énfasis, dulcemente, reclamando comprensión y solidaridad.”

José Di Marco

*Este texto es parte del Prólogo  del libro póstumo de Pedro Centeno: Caminar por la vida y otros poemas, una coedición de Cartografías/La Yunta, año 2020.

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