Extrañamos tanto a Pedro V: Sandra Centeno: “Pedro les escribía poemas a todos los del barrio”

(Por Verónica Dema)

Caminar por la vida preocupado

Por ciertas cosas y entre esas cosas

el hecho de morir sin llegar a culminar

los sueños de tu padre

reflejarte en los ojos de tu mujer

calmar la sed de tus niños                                                                                                                     

con tus manos:

cancelar la deuda-alquiler 

de tus huesos apolillados

de tu hígado con cirrosis

de tu piel desteñida

voy a decir:

caminar por la vida preocupado

por ciertas cosas y entre esas cosas

el maravilloso hecho de existir.

Sandra Centeno, una de las hermanas de Pedro, escucha en silencio estos versos que integran el libro Caminar por la vida y otros poemas, una coedición de Editorial Cartografías y Ediciones la Yunta que se presenta este año en el Aguante Poesía!. El libro está dividido en dos partes: Saide, la reedición de ese título suyo de 26 poemas publicados en 2005, y los inéditos, una serie de 21 textos compilados por los editores de ambos sellos, Pablo Dema y José Di Marco (Cartografías) y Alejandro Cesario, Daniel Riquelme y Roberto Raschella (La yunta).

– ¿Lo reconocés a tu hermano en ese poema?

– Sí, lo reconozco. Es tal cual él. Se dice a sí mismo lo que él está pasando y cómo él ve la vida. A pesar de todo lo que le pasa es bueno seguir viviendo.

Pese a que Pedro murió en mayo de 2019, Sandra piensa y nombra a su hermano mayor en presente. Menciona a los demás: Benjamín, que murió de chico, Mario, Marina, Bernardino y Dora.

Ella recuerda a Pedro de pequeño cuando, con Benjamín, llegaron de Orán, Salta, a Río Cuarto junto a sus padres. El papá, que trabajaba la madera en Salta, venía con trabajo en un aserradero en esta ciudad remota y desconocida.

– ¿Cómo era de niño?

– Con Pedro nos llevamos cuatro años. Yo iba a primer grado y me acuerdo que las maestras decían que él era muy inteligente. Bueno, llegó a abanderado.

Lo que pasó en la infancia de Pedro fue una desgracia familiar y, a la vez, un modo de salvación. Su hermana Sandra dice que a él “le pasó una enfermedad: difteria”(*). Aclara que no se acuerda mucho, pero que siempre se escuchaba la frase: “Está muy delicado”; y que a todos los hermanos los pusieron en cuarentena: “Nos tenían aislados por las dudas, pero a nosotros no nos afectó. El tendría unos doce años, yo andaba por los ocho”.

Lo que ella recuerda de esa internación está como en una niebla. Dice que Pedro estuvo varios años internado en el Hospital Regional de Río Cuarto, que al principio era la garganta, pero que después se le complicó y tuvo problemas en el corazón y le pusieron un marcapasos. “Me permitieron verlo una vez. A mis hermanos no. Cuando lo ví estaba lleno de cables, tenía un monitor al costado de la cama de él, era lo que le controlaba el corazón”.

El recuerdo de su hermana es que, todo ese tiempo que Pedro estuvo internado -¿meses, años?- lo que hacía era escribir. “Porque otra cosa no hacía”, dice Sandra. “Para las enfermeras era el niño mimado. Le llevaban lapiceras, cuadernos, libros”. En la casa familiar no había dinero para libros: “Para mí que él se hizo de ahí”. En esa época en el hospital eran las enfermeras, su madre, Pedro y sus libros.

Cuando crecieron, Pedro tuvo distintos trabajos, por lo general su hermana dice que se iba al campo y que por temporadas no se lo veía, era peón en tiempo de cosecha. Sandra también estaba en sus cosas: a los once años empezó a trabajar como empleada doméstica; a los 19 se casó, se fue de la casa. Después, fue verse en algún que otro almuerzo familiar, donde todo siempre estaba bien para su hermano. “’Todo okey’, decía cuando le preguntábamos si necesitaba algo, si estaba bien de salud”, dice su hermana, que reconoce que ella pasó su pobreza también con esa misma frase ante su familia. “Yo hubiera necesitado para mi hija. Pero siempre, ‘todo bien, no necesito’”.

Sandra cuenta que, para su hija más grande, Janet, que hoy tiene 32, ese tío siempre fue especial. “Se ponían a hablar, Pedro le escribía poemas”, dice. “A todos los del barrio les escribía poemas, en realidad”. Cuando Pedro murió, en el velorio un antiguo vecino del barrio Bimaco, donde vivían, se acercó a decirle que aun conservaba un poema que Pedro le regaló a su hija de cinco años.

La familia no sabía en qué momento Pedro escribía, pero cada tanto se enteraban de la presentación de un libro suyo. El último fue ¿Por qué escribís poemas? (Ediciones la Yunta), en 2017. Fue en ese encuentro con el editor Alejandro Cesario, que Pedro le habló de poemas inéditos. Siguieron los intercambios por WhatsApp, hasta que acordaron que Jorge Esteban Mussolini, “El Lole”, amigo de Pedro, le enviaría el material por mail. “Pedro no tenía internet”, recuerda Cesario. “Así fue que me mandó un manojo de poemas: 21 poemas”.

Cuando Pedro murió apareció con más fuerza la intención de publicarlos y así cumplir el sueño del poeta y, al mismo tiempo, homenajear su palabra, su vida.

Escribe el poeta Diego Formía en la contratapa del libro: “De Pedro aprendimos que el poeta es obrero. Que al poema se lo espera en el semáforo, de reparto, y en el pasto que se corta en una casa de country. Que la desigualdad se denuncia, no se resiente. Que la ternura es siempre. Que la soledad puede ser una cocina iluminada, luminosa. Que “la noche es una hoja tierna”. Así de sencillo, como su poesía. De Pedro aprendimos que el medio tinto es un refugio y que la pobreza mata”.

(*) Difteria: según la enciclopedia médica MedlinePlus, es una infección causada por la bacteria denominada Corynebacterium diphtheriae. Esta bacteria se propaga a través de las gotitas respiratorias, como las que se producen con la tos o los estornudos, de una persona infectada o de alguien que porte la bacteria. La infección de garganta puede obstruir las vías respiratorias. Una vez que usted resulta infectado, la bacteria produce sustancias peligrosas llamadas toxinas, las cuales se diseminan a través del torrente sanguíneo a otros órganos, como el corazón y el cerebro, y causan daño. Debido a la vacunación de los niños, la difteria ahora es poco común.

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